En la segunda mitad
del siglo XIX, el barón Van Reichenbach, anunció el
descubrimiento de una radiación proveniente de ciertos
objetos que denominó “fuerza ódica” y
aseguro que era generada por ciertos cristales, por los imanes
y por el cuerpo humano.
Por ese tiempo se publico un libro que llevaba el titulo
de Luz azul y roja, cuyo autor S. Pancoast, describía las diversas propiedades de las luces
azules y rojas, y el método que utilizaba para curar utilizando la luz
natural del sol que atravesaba diversos paneles de cristales de colores. La
gente quedó cautivada por su técnica y la cromoterapia volvió a
llamar la atención, a tal grado que se expandió rápidamente.
Casi al mismo tiempo, otro libro conmocionó a los interesados; se trató de
Los principios de la luz y el color, de Edwin D. Babbitt, el cual se convirtió en
la Biblia de los cromoterapeutas. Este hombre era escritor, filósofo,
medico y artista, y siguiendo sus teorías, mucha gente instaló cristales
de colores en sus ventanas.

Hubo
otro tipo de estudios con respecto al aura,
como los realizados por el teósofo Charles W. Leadbeater,
el cual enfocó el
lema del aura, en varias de sus obras, desde un punto de vista filosófico.
Algunos de sus ensayos mas conocidos fueron EI hombre visible e invisible (1920)
y EI aura humana. Otro de sus libros titulado Formas del pensa¬miento,
cuenta con varias laminas que ilustran las primeras representaciones del
aura.
Sin embargo, fue hasta principios de este siglo, que un doctor
ingles, WaIter.J. Kilner, se dispuso a investigar el fenómeno conocido como el campo eléctrico
del ser humano, eliminando los elementos místicos.
Kilner, en 1908, inventó una pantalla a través de la cual se
podía observar la forma y la estructura básica del aura.
La pantalla constaba de dos cristales insertos en un marco. Entre ambos cristales
había una solución de alquitrán de dicianina, a la que
llamó “Espectauranina”. Empleó varias pantallas
con diferentes soluciones de alcohol para verlas distintas capas del aura.
El doctor Kilner evitó leer la abundante literatura me¬tafísica
sobre el aura. No quería que su interpretación pudiera verse
condicionada por esto.
Descubrió que durante cierto tiempo, su capacidad para ver el aura aumentaba
al estar constantemente expuesto a las pantallas, pero que también tenía
un efecto negativo sobre su visión, y comprobó que para volver
a la normalidad, tenía que dejar de usar las pantallas durante varios
días.
Kilner publicó sus detalladas investigaciones el libro La atmósfera
humana (1911). La información del libro provocó escándalo
entre sus colegas conservadores y Kilner se vio envuelto en el tipo de problemas
que tanto había intentado evitar.
Otro biólogo ingles, Oscar Bagnall, fascinado por las investigaciones
de Kilner, se dispuso a repetir sus experimentos, y utilizó las pantallas
de Kilner, además de otras de distintos colores diseñadas por
el mismo. Sus hallazgos fueron publicados en el libro El origen y las propiedades
del aura (1937).
Bagnall sostenía que todos los seres vivientes tienen su
aura y que al morir, el aura también deja de existir. Fue el primero
en sugerir que la luz del aura era percibida por los bastones del campo receptor
del ojo, y que se apreciaba gracias a la visión periférica.
Inspirado por Babbitt, un inventor indoamericano, llamada Oinshah GhandiaIi,
se propuso crear un sistema para la proyección del color y elaborar
teorías con una base más científica para aplicar terapias
basadas en el espectro de luz. Después de múltiples problemas
por sus métodos, Dinshah, continuó divulgando sus teorías
hasta su muerte.
Pero la aportación más importante en la comprensión del
aura fue el fruto de las investigaciones de un ingeniero soviético,
Semyon Davidovich Kirlian.
En 1939, Kirlian estaba reparando un equipo técnico
cuando fue testigo casual del funcionamiento de un instru¬mento de alta
frecuencia.
A base de experimentos, consiguió reproducir una chispa de luz que había
observado durante la demostración, una chispa que había despertado
su curiosidad después de numerosos intentos de captar esta luz, consiguió producir
una fotografía que mostraba una forma luminosa alrede¬dor de los
dedos de la mano.
¡ Había nacido la fotografía del aura!
Aunque el descubrimiento no era nuevo desde el punto de vista técnico,
Kirlian, con su esposa Valentina, fue el pionero del empleo de esta técnica
fotográfica como herramienta útil en la investigación
parapsicológica.
El empleo de la fotografía Kirlian se ha desarrollado en muchos sentidos.
Se puede utilizar para explorar el cuerpo y descubrir en el, posibles enfermedades.
Utilizando la película fotográfica de color que existe hoy en
día, los colores brillantes y de alta definición permiten detectar
cambios pequeños en el color en el tono.
Algunos opinan que la magia de la fotografía Kirlian estriba
en el hecho que demuestra la existencia misma del aura.
Con el paso del tiempo y el perfeccionamiento cada vez mayor de
la tecnología,
vemos que el mundo de la ciencia y el mundo metafísico tienen cada vez
mas cosas en común.
Sin duda, instrumentos mejor diseñados proporcionaran un número
amplio de revelaciones espectaculares que darán solución a los
fenómenos físicos y psíquicos.
Cuando los investigadores modernos intentan explicar las leyes del universo
físico, se encuentran para su sorpresa, que entran a un mundo que solo
ha sido explorado por los místicos. Las preguntas acerca del universo
físico son cada vez más complejas y lo mismo ocurre con las
respuestas.
Ya Albert Einstein nos explicaba que la materia no existe, que
la materia es una ilusión creada por la velocidad de vibración de las diversas
formas de energía. Todo lo que vibra en lo que llamamos cuerpo físico
se nos aparece en forma de materia sólida. Nuestro sol y las estrellas
son, relativamente hablando, campos de ener¬gía… auras.
Todavía nos queda mucho por explorar en la búsqueda científica
y esotérica de ese enigmático arco iris… el aura.
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